Rima XLI (Gustavo Adolfo Béquer)
Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o abatirme!…
¡No pudo ser!
Dormida, como una bestia que descansa en la inmortalidad de su fuego, tengo a esta mujer. A veces aflora como bruja maldita de mis pasos. Y no importa cuánto tiempo nos separe, cuántos inmejorables y cadentes sonetos en respuesta a mis torpes catorce versos, cuántos daños alevosos, fratricidas, aun humeantes…
Dormida, así, entre mil fotos y puntos suspensivos tras “amados…” se desnuda en mi recuerdo cual Venus delirante. Sigue leyendo






